El estrés engorda igual que una hamburguesa doble con queso

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El estrés engorda igual que una hamburguesa doble con queso

El cortisol influye de forma directa en la circunferencia de la cintura. Si le mide más de 100 cm, solicite unas vacaciones

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Si se ha subido a la báscula y verifica con horror que no es solo que no pierda peso, sino además de esto lo gana, —y eso que atraviesa por una ráfaga que le tiene con los nervios de punta—, quizá le interese saber que el estrés está tragando por usted. Y no tiene por qué razón ser de esta forma.

El estrés es una reacción fisiológica de defensa ante determinadas amenazas. Cuando el organismo percibe un riesgo potencial, las glándulas suprarrenales liberan adrenalina y cortisol (hormonas del estrés), que hacen que se acelere el corazón para bombear más cantidad de sangre cara los músculos y otros órganos. Cuando desaparece la amenaza, el cerebro envía la orden de parar y el organismo vuelve a la calma… Teóricamente, por el hecho de que habitualmente nos cuesta retornar a la normalidad, ese estrés mantenido en el tiempo es el que puede conllevar problemas médicos.

Estamos atacados

“El estrés no es ni bueno ni malo, depende de su intensidad, de la frecuencia y de cómo lo administremos. La cuestión es tener el justo para solucionar la situación amenazante”.

Mas la cosa no es tan fácil, a juzgar por los resultados de una investigación del laboratorio Cinfa, que ha encontrado que más de doce millones de ciudadanos en España tienen estrés frecuentemente. Y es acá donde puede estar una de las claves de la epidemia de sobrepeso que hay en este país, y que afecta al sesenta por ciento de la población, conforme la Gaceta De España de Cardiología. Pues, como esclarece una investigación reciente publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, la obesidad es una de las consecuencias que tiene ese estado de tensión estresante

Como es lógico, no se puede detallar el número preciso de kilogramos que se sujetan al cuerpo por cada cosa que nos altere, mas para hacernos una idea, el efecto del estrés es equiparable al que tiene comer una hamburguesa con queso o bien una barra de chocolate y caramelo, conforme se desprende de los trabajos de un equipo de científicos de la Universidad Brigham Young, en Utah (USA), que ha constatado que el estrés afecta al intestino tanto como la dieta. Específicamente, la investigación (llevada a cabo en ratas y publicada en Nature) ha detectado que la microbiota (población de bacterias del intestino) de las hembras delgadas estresadas cambia hasta parecerse a la de los machos obesos. Estos sostienen estable su composición bacteriana, aunque el estrés hace que estén más deseoso y menos activos físicamente.

Y solo nos calma el dulce

Al lado de lo que suceda dentro de las tripas, y que pueda favorecer la ganancia de peso, la verdad es que cuando estamos estresados, mordisquear palitos de apio o bien de zanahoria no consuela tanto como comer un pedazo de pizza, media tableta de chocolate o bien cualquier otra comida bien cargada de calorías.

“Las situaciones de estrés, que directa o bien de forma indirecta acostumbran a influir en nuestro estado anímico, modulan la ingesta de comestibles empujándonos a que comamos por exceso o bien por defecto. Por medio de el alimento logramos calmar o bien evadir sensaciones negativas; y que por norma general optemos por un determinado género de productos (enormemente caloríficos) viene dado por aspectos sensoriales (acostumbran a ser más sabrosos), de privación (las personas que hacen dietas evitan estos comestibles y por lo tanto acrecientan su deseo por ingerirlos) y biológicos/nutricionales, asociados a las substancias que los componen y su efecto sobre el ánimo”.

El estrés, por sí solo, no engorda.

“En el último siglo, la humanidad ha estado expuesta a situaciones esenciales de estrés y no ha aumentado la obesidad como sucede actualmente”. Eso sí, acepta que lo que puede engordar son las estrategias empleadas para calmarlo, unido a una vida sedentaria. Y lo peor, “es que se producirá un círculo vicioso que activaremos en futuras situaciones de impacto”.

¿Y en qué momento se genera esto? cuando optamos por comer como válvula de escape (ingesta sensible), “elegimos el dulce pues es agradable para el paladar, y una forma de mitigar situaciones de ansiedad o bien desánimo por el placer que genera”.

Para colmo, el estrés provoca insomnio

Cuando es crónico también afecta al sueño (en cantidad y calidad), hasta el punto de que las mujeres de mediana edad duermen como los mayores (que precisan menos) o bien como los insomnes, mantiene una investigación publicado en la gaceta Sleep. La corta duración del sueño se asocia a una mayor ingesta calorífica total, a dietas con más grasas y menos proteínas y a reducir frutas y verduras, conforme documenta Advances in Nutrition. Todos ellos , factores que predisponen a la obesidad y a desarrollar enfermedades relacionadas como diabetes o bien hipertensión.

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En este escenario es bastante difícil localizar una salida, mas no imposible. Una de ellas es procurar corregir la relación con el alimento. Más que comestibles que empeoren el estrés, debemos charlar de personas con propensión a comer ante ciertas situaciones de vulnerabilidad. “En humanos no se ha probado que determinado género de comestibles tengan un mayor poder adictivo y, por lo tanto, alienten a una ingesta más fecuente; mas sí hay substancias que influyen en el sistema nervioso (cafeína, teína, bebidas energéticas) y que, por su efecto modulador en el estado anímico, pueden influir de forma indirecta en un plan alimentario”.

“La sobrealimentación cumple su función en un corto plazo (administrar un subidón de energía en un instante determinado) y la hemos adquirido como una contestación eficiente, mas con el tiempo produce muchos problemas”. ¿Cuál es su receta antiestrés? “Tomar conciencia de que es una reacción normal a la que hay que amoldarse. Después, valorar las situaciones (si son o no estresantes), y activarnos solo frente a las que de veras lo requieran. Y, finalmente, admitir una situación si no podemos cambiarla”.

Caries

El estrés altera los niveles hormonales, lo que provoca una bajada de defensas que por su parte reduce la producción de saliva. “Esto hace que los ácidos sean más beligerantes, ataquen el esmalte y favorezcan la caries”. A esto añada los perjuicios del bruxismo: “Es usual en personas con estrés y conlleva desgaste bucal, dolor de cuello y cefaleas”, aparte del estorbo de la halitosis, puesto que, “las perturbaciones hormonales dismuyen la cantidad de saliva secretada”.

Caída de pelo

“El estrés puede inducir en el pelo un efluvio telógeno, que es una caída transitoria que se recobrará cuando pase la situación estresante, si bien en ciertos casos va a poder transformarse en crónico y precisará un manejo específico”.

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Contractura

El estómago duele, puesto que aumentan la acidez y el reflujo, los músculos se tensan y aparecen las contracturas, los síntomas de la menopausia se acentúan, baja la testosterona…